Petr髄eo sangriento
An醠isis de Sa鷏 Gherscovici.
Los a駉s, las d閏adas y los siglos pasan pero la estrategia de Estados Unidos, como la de todo imperio, sigue siendo la misma: quedarse con los recursos energ閠icos del resto de los pa韘es para mantener o impulsar su econom韆.
Para quedarse con los recursos de los otros hay varias maneras. La primaria son las invasiones y las guerras, algo que los romanos (para tomar cualquier ejemplo de imperio) hac韆n con habilidad y sin culpa alguna porque, al fin y al cabo, el resto del mundo no se enteraba de lo que se estaba llevando a cabo. Con el paso del tiempo, m醩 la instauraci髇 de los gobiernos y pa韘es democr醫icos, que en principio acordaron organizarse y sostenerse a partir de reglas claras de convivencia, se recurri� a la colonizaci髇 de los pa韘es a trav閟 de estrategias varias. La m醩 com鷑 fue la creaci髇 de un enemigo interno o internacional para fomentar el necesario miedo y la divisi髇 pol韙ica que siempre se necesita y a la que se recurre para agrandar o fabricar un demonio.
En los 60/70, Estados Unidos recurri� al fantasma del comunismo para terminar promoviendo e imponiendo golpes de Estado en Am閞ica Latina para quedarse con el dominio de su denominado "patio trasero", que venimos siendo nosotros. Como los dictadores que sostuvieron se pasaron de rosca y con ello de moda, se les tuvo que soltar la mano y se pas� a otra experiencia, que es intentar quedarse con el dominio de los pa韘es apetecidos a trav閟 de gobiernos democr醫icos complacientes y endeudados.
Esos gobiernos c髆plices y complacientes, en principio, aguantan un tiempo hasta que sus pueblos se dan cuenta y los derrotan en las siguientes elecciones desde las que, pese al desgaste medi醫ico, se recupera un sentido soberano y popular de gobierno, que los anteriores no ten韆n e imponen sus ideas durante varias gestiones. La estrategia siguiente para recuperar el dominio del Imperio fue el lawfare, utilizando los "partidos judiciales", que siempre Estados Unidos mantuvo y aliment� en los Tribunales, Cortes Supremas, y los Comodoros PY de cada uno de los pa韘es apetecidos por el imperio. As� lograron detener a Lula, con una causa inventada, expulsar a Rafel Correa de Ecuador, a Evo Morales y debilitar primero a Cristina Fern醤dez de Kirchner y luego detenerla. Para citar a algunos ejemplos.
Sin disimulos
Donald Trump, en base a su prepotencia de magnate, decidi� que ya era tiempo de dejar de simular. Aprovechando todas las herramientas anteriormente mencionadas, m醩 los efectos de d閏adas de generar un enemigo interno sobre la demonizaci髇 de los l韉eres populares, logr� imponer presidentes como los Milei y Kast de esta vida e influir abierta y groseramente en cada una de las elecciones, como tambi閚 sucedi� recientemente en Argentina y en Honduras.
En Venezuela, primero con Ch醰ez y luego con Maduro, a los que vienen intentando desgastar desde hace d閏adas, encontr� un duro hueso de roer y entonces, luego de probarlo todo, decidi� recurrir al viejo esquema de la invasi髇 directa. As� bombarde� Caracas y secuestr� al presidente Nicol醩 Maduro y a Cilia Flores, que no solo es la esposa de Nicol醩 Maduro sino un cuadro importante del chavismo, para someterlos a la justicia norteamericana.
La acci髇 solo encuentra una similitud con la invasi髇 que Estados Unidos realiz� en 1989 a Panam� para capturar al "dictador, asesino y narcotraficante" Manuel Noriega, ex colaborador de la CIA que se les hab韆 ido de las manos y entorpec韆 el manejo del Canal bioce醤ico.
Pero como a Donald Trump le gusta ser prepotente y arrogante y para que a todo el mundo le quede claro qui閚 manda, sin diplomacia ni ambig黣dades, apenas termin� la nueva Operaci髇 Justa, que esta vez se bautiz� como "Operaci髇 Determinaci髇 Absoluta", el presidente estadounidense no ocult� que el ataque a Venezuela, que dej� 80 muertos, solo buscaba quedarse con el petr髄eo venezolano que, sin explicar c髆o, Trump defini� que no era de los venezolanos sino de los estadounidenses en general y suyo en particular.
A horas de tener detenido a Maduro, el propio Departamento de Estado reconoci� que el Cartel de los Soles, que durante la etapa previa a la invasi髇 se asegur� que comandaba el presidente venezolano, no exist韆. Lo mismo sucedi� con la fomentada oposici髇 venezolana ya que, sin ambig黣dades, desconoci� al afirmar que el manejo de Venezuela no quedar� en manos ni de Corina Machado, ni de Guaid� ni de Edmundo Gonz醠ez, sino del propio Trump a trav閟 de la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodr韌uez.
Trump es tan arrogante y prepotente que no solo cita e impone a fondo la doctrina Monroe, esa que tiene como principio fundamental "Am閞ica para los americanos", definiendo como americanos solo a los estadounidenses y sus intereses, sino que, como todo ni駉 rico con sue駉s pobres, la rebautiz� como doctrina Donroe. Los genuflexos de siempre y de ahora lo miran pregunt醤dole: "qu� m醩 necesitas de nosotros, Donald, para "make America (por Estados Unidos) great again?"
Para cerrar les dejo una pregunta, a la que varios seguimos sin encontrar respuesta. 縋or qu� la naturaleza es tan caprichosa que favorece con grandes recursos naturales a los pa韘es que, oh casualidad, est醤 gobernados por sangrientos dictadores narcoterroristas?






